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La obesidad no es solo una cuestión de estética: es una enfermedad crónica que afecta la salud física, emocional y social de millones de personas. Si sientes que has intentado de todo sin resultados duraderos, este artículo puede ayudarte a entender por qué y qué puedes hacer para cambiarlo.
¿Qué es la obesidad y por qué importa?
La obesidad se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa corporal que deteriora la salud. Está relacionada con enfermedades graves como la diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hígado graso, apnea del sueño e incluso ciertos tipos de cáncer.
Pero también tiene un impacto emocional profundo. Las personas con obesidad suelen enfrentarse a estigmas sociales que afectan su autoestima, su salud mental y su calidad de vida. Por eso, el tratamiento debe ser integral, respetuoso y adaptado a cada persona.
Evaluación y diagnóstico: más allá del peso
Aunque el IMC sigue siendo una herramienta útil, no basta por sí solo. Para entender el estado nutricional y el riesgo cardiometabólico de cada persona, es necesario combinarlo con:
- Perímetro de cintura
- Relación cintura-estatura
- Medición de la composición corporal mediante bioimpedancia
Esta última permite conocer con precisión la masa grasa, la masa magra y el agua corporal total, ofreciendo una visión más completa y personalizada.
Tratamiento conservador: estilo de vida, alimentación y emociones
El primer paso siempre es conservador, centrado en cambios sostenibles en el tiempo. Incluye tres pilares fundamentales:
- Intervención dietética personalizada. La alimentación debe adaptarse a la edad, los gustos, la cultura gastronómica, el estado de salud y la medicación del paciente. No hay una dieta universal, sino un plan que se construye contigo, para ti.
- Actividad física regular. Tanto aeróbica como de resistencia, ajustada a tus capacidades. Mejora la composición corporal, el estado de ánimo, la movilidad y la salud metabólica.
- Apoyo psicológico y emocional. Muchas personas desarrollan una relación compleja con la comida, usándola como refugio emocional frente al estrés, la tristeza o la ansiedad. El acompañamiento psicológico ayuda a identificar estos patrones y a gestionarlos de forma más saludable, sin culpa ni juicios.
¿Qué dieta es la más adecuada?
No existe una única solución válida para todos, pero hay enfoques con evidencia sólida:
- Dieta mediterránea. Es el patrón alimentario más estudiado y con mayores beneficios para la salud. Rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y aceite de oliva virgen extra, promueve un estilo de vida saludable que incluye actividad física, descanso adecuado y una dimensión social clave: compartir las comidas, disfrutar del acto de comer y fortalecer los vínculos personales.
- Dieta hipocalórica. Para que el cuerpo utilice sus reservas de grasa, es necesario generar un desequilibrio energético: consumir menos calorías de las que se gastan. Este déficit debe ser controlado y adaptado para evitar efectos adversos.
- Estrategias basadas en la cronobiología. Comer en sincronía con los ritmos circadianos —por ejemplo, concentrando la ingesta en las primeras horas del día— puede mejorar la sensibilidad a la insulina, la regulación hormonal y el control del apetito.
Medicación: una ayuda para mejorar la adherencia
En algunos casos, los medicamentos pueden ser un apoyo para mejorar la adherencia al tratamiento nutricional, especialmente en personas que comen grandes cantidades o picotean con frecuencia.
Los agonistas del receptor GLP-1, como liraglutida, semaglutida o dulaglutida, imitan la acción de una hormona intestinal que se libera tras comer. Actúan en tres niveles:
- Estimulan la secreción de insulina y reducen el glucagón (páncreas)
- Ralentizan el vaciamiento gástrico (estómago)
- Modulan los centros del apetito (sistema nervioso central)
Esto se traduce en mayor saciedad, menor deseo de comer y mejor control glucémico.
Cirugía bariátrica: una opción eficaz en casos seleccionados
Cuando el tratamiento conservador no es suficiente, la cirugía bariátrica puede ofrecer resultados significativos. Las técnicas más utilizadas son el bypass gástrico y la manga gástrica. Ambas han demostrado ser eficaces en la pérdida de peso y en la mejora de enfermedades asociadas.
Pero la cirugía no es el final del camino: requiere un seguimiento multidisciplinar, educación alimentaria y apoyo emocional para mantener los resultados a largo plazo.
Mantenimiento del peso perdido: el verdadero reto
Perder peso es solo el comienzo. Mantenerlo requiere compromiso y acompañamiento. Las claves son:
- Aprender a comer de forma consciente
- Mantener la actividad física
- Dormir bien y gestionar el estrés
- Contar con apoyo profesional y social
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